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Discriminación y racismo desde la perspectiva de jóvenes escolares en Ayacucho y Lima

La discriminación tiene repercusiones en distintos niveles sobre las personas que son víctimas de esta problemática: Baja autoestima, inseguridad, temores y represión conforman una serie de factores que atenta contra la salud mental, un mal al que pocos le ponen atención, pero que debe entenderse como un gran problema que ataca a nuestra sociedad.

Es por esto que la Asociación Servicios Educativos Rurales (SER) ha realizado diversos trabajos en la promoción de los derechos humanos a nivel nacional, especialmente en Ayacucho. Uno de estos proyectos fue 'Adolescencia y Juventud: enfrentando la discriminación y el racismo', que se llevó a cabo en el periodo entre septiembre de 2012 y abril de 2014. Esto sirvió como base para que la psicóloga Marisol Vega Ganoza realice una investigación que dio como resultado la publicación ‘Discriminación, racismo y violencia en la adolescencia de Ayacucho y Lima’, en la que recogió las impresiones de escolares entre cuarto y quinto de secundaria de ambas regiones para obtener conclusiones de cómo opera la discriminación en estos espacios.

Frustración y pesimismo

Lo que más le llamó la atención a Vega Ganoza fue la manera en cómo los jóvenes ayacuchanos perciben a la discriminación. “Decían que se da en el recreo, en las calles, en el colegio, en todas partes. Y creían que esto no iba a cambiar, que siempre vivirán con discriminación, como si fuera algo asumido, como una fatalidad que no se puede revertir”, señala. Esta situación encuentra asidero en el trato diferenciado que reciben por parte de sus profesores: “Contaban que había profesores que tenían tratos especiales, de mayor respeto y aproximación hacia los hijos de profesionales, y lo verbalizaban: ‘Ellos van a ser profesionales’, como una consecuencia lógica. A estos alumnos les deban más cabida”.

No solo el grado académico de los padres son factores que influyen en la discriminación entre las y los jóvenes ayacuchanos. La vestimenta y el lugar de procedencia también son considerados como diferenciadores en el trato. “Los alumnos mencionaron el caso de un compañero de procedencia rural y que iba con el uniforme descuidado, con alguna mancha o los zapatos sucios, entonces el profesor le decía que siendo hijo de campesino no tenía por qué ir a estudiar porque iba a seguir siendo igual”.

Entre broma y broma

El caso limeño presenta un panorama donde, si bien es cierto las y los jóvenes reconocen que la discriminación se da en distintos ámbitos de sus vidas, en muchos casos no reconocen estar actuando de manera discriminatoria o tener actitudes y frases que afecten la integridad de quienes los rodean. “Varios estudiantes señalan que entre jóvenes es ‘normal’ bromearse a partir de ciertas diferencias basadas en el color”, apunta la investigadora, y destaca: “Hay quienes consideran que entre los y las estudiantes, aun cuando la broma gire en torno a aspectos raciales, si no hay intención consciente de excluir, no es discriminación”.

Esta situación se agrava cuando se plantea la idea de que, dentro de la discriminación, existen ‘niveles’. Así lo explica Marisol: “Para ser discriminación y que dejara de considerarse como broma, algunos estudiantes consideran que habría que identificar su impacto. De esa manera, dejaría de ser broma si quien recibe los insultos se siente dolido y ofendido”. Esta situación tiene como consecuencia un pensamiento en el que “la discriminación no dependería de quien realiza la acción, sino de quien la recibe”. Y agrega: “Si a quien es objeto de bromas se le baja la moral, allá él o ella; si le duele es porque es débil y tiene problemas”.

Reflexión y diálogo

Durante su investigación, Marisol Vega Ganoza notó la importancia que tiene darles voz a los jóvenes, que así como han sido discriminados, también han sido discriminadores. “Es en el grupo focal, cuando empezaron a contar sus experiencias, que ellos mismos llegaban a caer en cuenta de la manera en la que se afectaban los derechos de sus compañeros. En ese sentido, Marisol destaca la importancia de “abrir un espacio para informarse, recibir orientación y tener una reflexión conjunta sobre la discriminación como posibilidad de que se pongan en sintonía con la manera en que están conectados con la discriminación, que tomen conciencia de la manera cómo la piensan y se aproximen a los sentimientos y también al propio dolor, tanto de las personas discriminadas como de quienes discriminan”.

El estudio nos muestra las profundidades de nuestra sociedad en la que está anclada la discriminación y, si bien es cierto, el panorama aún resulta complicado, es importante destacar que los jóvenes tienen conciencia de la problemática. A su vez, son los profesores los llamados a generar este debate y no ser cómplices de las manifestaciones racistas, ya sea a través de insultos o bromas con carga discriminatoria. Es tarea pendiente generar más espacios de debate donde la reflexión sea el principal ingrediente que nos lleve al cambio que todos y todas esperamos.

 

Puedes descargar aquí la investigación completa.