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En busca de garantizar los derechos lingüísticos

El 21 de febrero se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna. Las 47 lenguas originarias que se hablan en el Perú lo convierten en protagonista de la fecha. Para conocer el trabajo que realiza la Dirección de Lenguas Indígenas, y los retos y dificultades que tienen, conversamos con dos de sus especialistas: Cinthya Palomino y Felipe Shimpucat, quienes tienen al quechua y al awajún como lenguas maternas, respectivamente.

La Dirección de Lenguas Indígenas (DLI) del Ministerio de Cultura tiene como función principal promover e implementar acciones para el desarrollo y uso de las lenguas indígenas y originarias  de los pueblos indígenas del país, fomentando su aprendizaje en el marco de la ley N° 29735, la Constitución Política del Perú, la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos y la normativa nacional e internacional relacionada. En ese sentido, destaca como línea de acción el velar por la promoción y garantía de los derechos lingüísticos: no ser maltratado ni rechazado por usar una lengua diferente al castellano en espacio público o privado; usar el idioma propio ante cualquier autoridad, organismo o instancia estatal, así como la ayuda de un intérprete, en caso de ser necesario; y mantener y desarrollar la lengua, tradiciones y cultura de cada pueblo.

El ejercicio de estos derechos se ven afectados, de manera transversal, por la discriminación existente en nuestro país. Es la situación de ciudadanos y ciudadanos que no pueden acceder a los distintos servicios del Estado, como educación, salud, trabajo, etc. Pero, ¿quiénes son los encargados de elaborar y ejecutar este trabajo? Se trata de un equipo de profesionales de distintas especialidades, entre lingüistas, abogados y científicos sociales, que trabajan para garantizar este derecho. Algunos de ellos pertenecen a culturas originarias del país. Es el caso de Cinthya Palomino, quechuahablante de Apurímac, y Felipe Shimpucat, awajún nacido en la comunidad nativa Ebron, del distrito de Nieva, en la provincia Condorcanqui (Amazonas). Con ellos conversamos para que, en su calidad de funcionarios y hablantes de dos de las 47 lenguas originarias del país, cuenten sus experiencias como impulsadores de los derechos lingüísticos y sus percepciones sobre la problemática de la discriminación por lengua.

Pugnas internas

Una lengua puede tener distintos dialectos; es decir, distintas variaciones que obedecen, en su mayoría, a razones geográficas. El quechua que se habla en Cusco, por ejemplo, es distinto al que se habla en Apurímac. Esto ha generado un enfrentamiento, incluso, entre los propios quechuahablantes, quienes buscan señalar su condición de superior por hablar ‘mejor’ el quechua: “La discriminación entre hablantes de una misma lengua tiene el mismo patrón de conducta por parte de un castellano hablante hacia un quechuahablante: el sentido de tratar de decir soy más, mi lengua es mejor, cuando en realidad no hay una lengua mejor o peor que otra. Todas las lenguas tienen la misma categoría. No es que unas sean primitivas o lenguas que no hayan desarrollado, sino que tienen otras maneras de expresar cosas y guardan conocimientos diferentes, según cada cultura”, advierte Cinthya.

Esta situación, que propone la idea de la ‘superioridad’ de lenguas por sobre otras, complica la labor del Estado, en este caso canalizada en el trabajo de una Dirección joven, como la de Lenguas Indígenas (se creó en septiembre de 2013). “El país ha perdido un montón con todo ese tiempo que se ha tratado de restar la función social a las lenguas indígenas”, explica Cinthya. Y agrega: “Incluso en el colegio habían profesores que decían que no se hable la lengua, como si hubiera una interferencia entre lengua indígena y castellano: “Si hablas bien lengua indígena, no vas a aprender bien el castellano”. Esa idea es totalmente falsa y ha hecho mucho daño. Hay mucha gente bilingüe coordinadísima. Se ha hecho mucho daño en la escuela y se ha llevado a otros ámbitos”.

Es en este escenario que un nuevo paradigma se empieza a instalar: la diversidad cultural (y en consecuencia de la variedad de lenguas) como patrimonio cultural que debemos revalorar y promover al ser parte de nuestra identidad como peruanos. En ese sentido, espacios como la DLI configuran un primer paso, importantísimo, para procurar revertir esta situación de rechazo y desprecio que ha condenado, en algunos casos, a la desaparición de lenguas originarias; sin embargo, aunque la función principal la tenga el Estado, es un trabajo que también compete a la ciudadanía: “No es solo por la acción del Estado, sino porque los mismos hablantes están haciendo ciertos procesos que están llevando a que las lenguas sean vistas con el valor que realmente tienen. El hablante tiene que poner mucho de su parte y, así como desde el Estado tratamos de impulsar cosas, es un trabajo conjunto. Si el Estado hace algo por su cuenta y no tiene eco, no va a ser viable”, explica Cinthya.

Orgullo awajún

Históricamente el pueblo awajún ha sido uno guerrero, rasgo característico de esta cultura amazónica que se transmite a sus integrantes, como es el caso de Felipe, a quien le sirvió esta formación cuando llegó a Lima para estudiar Derecho en la Universidad San Marcos: “Estoy muy arraigado a las costumbres de mi cultura, no como las otras que han sido avasalladas. Cuando ingresé a la universidad fuimos dos indígenas: un asháninca y un awajún, y he visto la vergüenza de mi amigo asháninca de identificarse frente a los demás, explica. Incluso su condición de awajún le trajo beneficios en la universidad: “El haber manifestado que soy indígena me ha abierto más posibilidades, he tenido más amigos. He generado más confianza”. Sin embargo, llama la atención sobre cómo es percibido el indígena, como si fuera una pieza de museo. “En la misma universidad entre los amigos se genera eso. Es mi amigo, pero más allá no. He notado eso”.

Esta impresión es recogida por Cinthya Palomino: “Hay un fenómeno que es valorar la lengua, pero como algo abstracto; la separan de sus hablantes, lo que no se puede hacer. No se puede separar. La lengua existe por el hablante”, apunta.

Trato diferenciado, negación de derechos

El trato de un funcionario que atiende a la ciudadanía puede ser el más educado y respetuoso posible, pero si por un factor cultural se le niega el acceso a un servicio público, entonces se le estará negando un derecho, más aún si esta negación tiene relación directa con el uso de la lengua: “En el tema lingüístico la discriminación tiene otras formas (asolapadas) que es importante mencionar: Si como ciudadana que hablo quechua y necesito hacer uso de un servicio público y me dicen que no me pueden atender porque no me entienden es una manera de discriminación porque me están quitando un derecho y eso es la que más ocurre en nuestro país en relación al tema de lenguas. Más allá de afectarnos la autoestima, corta el derecho a muchísimas personas. No solo la injuria, sino que por nuestra lengua no podamos acceder a servicios en un plano de igualdad. Eso es discriminación”.

¿Qué consecuencias trae esta situación? El racismo en nuestro país ha generado una especie de autocensura que solo sirve para reforzar conceptos de superioridad e inferioridad entre personas. Explica Cinthya: “En el imaginario hay hasta ahora una relación entre quechuahablante como pobre, analfabeto, ignorante, que se arrastra hasta ahora. El propio hablante termina autodiscriminándose: “No hablo quechua porque ellos no hablan”, entonces no le quieren enseñar quechua a sus hijos. Es el resultado de un proceso bastante doloroso. Para que una persona diga “yo no le voy a transmitir la lengua a mi hijo”, siendo la lengua algo mío, que tiene que ver con mi identidad, con quien soy, significa que hay un proceso interno bastante traumático y doloroso para tomar esa decisión”.

Primeros pasos

Contar con un aparato estatal con indígenas o afrodescendientes, poblaciones históricamente marginadas, no era algo común en nuestro país. Esta situación se viene revirtiendo. En la DLI -como en otras direcciones del Ministerio de Cultura- trabajan peruanos oriundos de distintos pueblos indígenas, que velan por consolidar un estado de derecho real. Para Felipe esta situación “abre espacios no a los awajún, sino a los indígenas para estar en la esfera pública. Ese es el espacio que se gana”.

Por su parte, Cinthya destaca este avance en el sentido del cambio de paradigma que se tenía respecto a las poblaciones indígenas: “Antes era desde afuera, desde esta óptica paternalista y no puedo visibilizar los procesos internos que suceden en ciertas realidades, en ciertos pueblos. El incorporar funcionarios indígenas ayuda a tener una perspectiva más cercana y real. Es, además, importante porque es un mensaje hacia los pueblos, de que se puede llegar a ese puesto. Tienes que, en realidad. Resulta extraño que quienes hagan políticas para indígenas sean no indígenas, pero eso ha sucedido por mucho tiempo. La idea es que, poco a poco, estos espacios sean copados por gente con más conocimiento de la realidad de sus pueblos”.

La Dirección de Lenguas Indígenas, que hace parte del Viceministerio de Interculturalidad, continua trabajando por el reconocimiento positivo de nuestra diversidad cultural con el objetivo de consolidar un Estado que incorpore de manera transversal el enfoque. De esta manera, será que nuestros pueblos y sus lenguas empezarán a ser vistas como un verdadero activo cultural y que no se quede en la simple admiración, sino que adquiera el valor real que tiene: una diversidad lingüística que enorgullece al Perú y a su vasta cultura.

Números:

  • 29735 es el número de la Ley, conocida como Ley de Lenguas, que regula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias del Perú.
  • 35 lenguas cuentan con traductores capacitados por el Ministerio de Cultura
  • 47 lenguas originarias se hablan en el Perú.
  • 43 son amazónicas
  • 3 son andinas
  • 19 familias lingüística: 2 andinas y 17 amazónicas
  • 20 lenguas originarias cuentan con alfabetos oficiales aprobados luego de un proceso de consulta y participación de los hablantes de estas lenguas y sus organizaciones representativas.
  • 19 lenguas originarias que tienen alfabetos oficiales, y 3 variantes del quechua, cuentan con Guías del Uso de Alfabetos para los maestros u otras personas que quieren conocerlas y/o estudiarlas.
  • 12 de estas lenguas, y 2 de sus variantes del quechua, tienen Manuales de Escritura, basados en consensos básicos sobre ciertas normas para escribir en estas lenguas.

Datos:

  • El quechua es la lengua que se habla en la mayoría de departamentos del país: 23.
  • El asháninca se habla en 9 regiones.
  • El awajún se habla en 7 regiones.
  • El shipibo se habla en 5 regiones.
  • El matsigenka se habla en 4 regiones.
  • El quechua es la lengua que más se habla en otros países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador.