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Racismo, discriminación, exclusión: algunos aportes recientes

La discriminación étnico-racial es una problemática que afecta a miles de peruanos y peruanas,  colocando a las víctimas en una situación de absoluta exclusión. Por ello, resulta fundamental generar evidencia científica  sobre la misma para la formulación políticas públicas. En ese sentido, Alerta Contra el Racismo ha querido con el presente artículo hacer un breve resumen de las investigaciones realizadas en este último tiempo  sobre racismo, discriminación y exclusión, como por ejemplo las que elaboró el Centro de Investigaciones de la Universidad del Pacífico.

Elaborado por Ivan Ramírez*

Introducción

Racismo y discriminación existen como dos de los términos recurrentes en el debate público para explicar diferentes dinámicas de exclusión. A su vez, ambos conceptos han sido abordadas por las Ciencias Sociales peruanas en varias oportunidades y bajo diversos enfoques.En este texto me interesa reseñar rápidamente la aparición de dos publicaciones recientes sobre el tema, cuyo abordaje es fundamentalmente cuantitativo. Pero antes, haré mención de algunos trabajos anteriores.

Estudios clásicos

Los estudios más clásicos sobre el tema datan de la década del noventa, y su lectura es fundamental para comprender la manera en que el racismo y la discriminación han sido pensados en el Perú. El sociólogo Martín Santos[1] escribió en su momento buen balance sobre dichas publicaciones, identificando cuatro líneas de trabajo, y señalando a sus respectivos cultores. No es este el lugar para reseñar cada una de estas propuestas, más aún cuando el artículo en citado ya lo ha hecho y puede leerse en internet. Solo me interesa indicar que se trata de miradas que problematizan el vínculo entre racismo, discriminación y exclusión desde una mirada estructural e histórica, y cuyo carácter es fundamentalmente ensayístico.

A este conjunto de propuestas puede agregarse el importante trabajo de Marisol de la Cadena[2], quien desde la perspectiva teórica del “nuevo racismo” (o “racismo sin razas” o “racismo simbólico”), desarrolla su investigación partiendo de la tesis de que en el Perú se ha configurado una “definición cultural de raza”; así, el que el país se conciba como dividido en grupos raciales es una categorización de origen social, que mezcla la cultura con la clase social para crear una jerarquía cultural, en donde el extremo más bajo es la cultura indígena de las poblaciones campesinas pobres, y el más alto es el de la cultura occidental de las clases más acomodadas.

Investigación basada en evidencia

En la década del 2000, los estudios sobre racismo y discriminación toman un nuevo impulso en el marco de un discurso global referido a la necesidad de acortar brechas sociales en función de metas de desarrollo. Esto, planteado en un lenguaje positivista que privilegia la medición de la desigualdad para tener una base objetiva sobre la cual promover políticas públicas de reducción de brechas sociales.

            En el país, se han publicado recientemente dos libros que incluyen estudios realizados bajo este enfoque, y que corresponden al proyecto “La discriminación en el Perú: nuevas perspectivas”, desarrollado por el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP)[3].Ambos libros, fueron publicados en el año 2012, y su dirección ha estado a cargo de Francisco Galarza[4] y Cinthya Sanborn[5] respectivamente. Todos los estudios presentados por Galarza, revelan una persistente desventaja histórica de “los grupos de ancestros andinos” y, en menor grado, de las mujeres; y el análisis muestra que los resultados en materia de inclusión son aun peores para el caso de grupos amazónicos y afrodescendientes. Así, el libro ofrece a lo largo de sus capítulos hallazgos como los siguientes:

  • Los grupos étnicos andinos, amazónicos y afrodescendientes tienen mayor probabilidad de desertar en cada ciclo del nivel educativo que los mestizos/ blancos, y dicho riesgo es mayor para las mujeres. Para el caso de los afrodescendientes, las barreras para esta brecha sería de orden más estructural, mientras que estarían más relacionadas con carencias materiales para el caso de los grupos indígenas (cap. 1).
  • Entre los años 2005 y 2009 se han ampliado las brechas de ingreso en perjuicio de los grupos indígenas respecto de la situación en 1997. Las brechas étnicas para este caso pueden descomponerse en variables observables (educación, sexo, estado civil) y no observables (algún tipo de discriminación sufrida) (cap. 2).
  • Los grupos indígenas están en desventaja respecto de los no indígenas en el trato diferenciado existente en el acceso a servicios públicos, lo que es resultado de su menor nivel adquisitivo, y que a su vez es consecuencia de su menor nivel educativo. En lo referente al cobro de coimas para realizar los trámites respectivos, no hay evidencia de brecha étnica, pero sí la hay en lo referente a la conclusión exitosa del trámite así como en el monto pagado en las coimas, lo que podría deberse a la discriminación en contra de la población indígena (cap. 5).

Por su parte, los artículos presentes en el libro editado por Sanborn son de carácter mucho más variado, si bien muchos comparten el mismo enfoque señalado para el caso anterior. Así, el trabajo de Arlette Beltrán y Janice Seinfield encuentra que la expansión de la educación inicial en el Perú ha afectado de forma positiva el logro académico a nivel general –medido a través de los resultados de las pruebas aplicadas por el MINEDU a alumnos de segundo de primaria en lógico-matemática y comprensión lectora-, pero que su impacto es diferenciado según grupos sociales y étnicos, beneficiando en mucho menos medida a los niños provenientes de sectores pobres, que no viven en zonas urbanas y cuya lengua no es el castellano. A su vez, el acceso a la educación que logran los niños indígenas en sus primeros años no es de la calidad ni de la pertinencia necesarias para garantizar un mejor rendimiento futuro en la escuela ni el desarrollo de sus capacidades de aprendizaje. Expresión de esto es que solo el 11% de niños indígenas están matriculados en programas con servicios educativos bilingües e interculturales.

Otro artículo, el trabajado por Juan Francisco Castro y Gustavo Yamada, analiza las brechas étnicas y de sexo en el acceso a la educación básica y superior, encontrando que para todos los grupos, estas se han reducido respecto del acceso a la educación primaria. Sin embargo, las brechas étnicas permanecen en lo referente a concluir la educación secundaria y a la matrícula en educación superior, ya que los blancos y mestizos alcanzan mejores resultados que amazónicos, quechuas/ aimaras y afrodescendientes.

Todos estos trabajos analizan brechas étnicas a partir de la identificación de grupos étnicos, para lo cual emplean una combinación de datos sobre lengua materna y/o de autopercepción étnica proveniente de fuentes como la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO). Un problema central con esta forma de definir grupos étnicos es que la selección de las variables puede ser arbitraria[6]. Por ejemplo, Figueroa y Barrón, argumentan que ni la lengua, ni la religión, ni la autoidentificación étnica son buenos indicadores de identidad étnica en el Perú, y que el mejor indicador para ello es el lugar de nacimiento, luego de lo cual sostienen que el mapa étnico del Perú puede pensarse de la siguiente manera: los pobladores rurales son descendientes de indígenas, mientras que en las ciudades existen mestizos, blancos e indígenas:

Para simplificar, tres categorías étnicas serán consideradas: blanco, mestizo e indígena. La población blanca se encuentra sobre todo en Lima y en las grandes ciudades de provincias. La población indígena está concentrada sobre todo en áreas rurales. Los mestizos están dispersos por casi todas partes. Consecuentemente, las áreas rurales son predominantemente indígenas. En Lima y en las capitales departamentales, reside una menor proporción de indígenas y una mayor proporción de mestizos. La población blanca es muy pequeña en el Perú y predominan en los distritos residenciales de Lima.Para distinguir entre estas categorías étnicas al interior de las tres regiones naturales del Perú,siete “regiones étnicas” han sido definidas. En el Perú, el lugar de nacimiento puede ser un elemento para predecir los antecedentes étnicos de las personas.[7]

El análisis de los autores se basa en el uso de los resultados de la ENAHO del año 2002, y entre sus conclusiones más importantes señalan que el origen étnico es un factor determinante en la consecución de menores años de escolaridad. Ya que la educación refleja el proceso empírico de obtención de capital humano, los autores afirman que este proceso produce una brecha étnica que perjudica a la población indígena, que al acumular menor capital humano tienen más posibilidades de ser excluidos del mercado laboral en el futuro. En ese sentido, la exclusión, y no la discriminación, sería el principal problema de la población indígena en lo referente a su participación en el mercado laboral.

No obstante tal problema, investigaciones de este tipo brindan aportes interesantes. El más importante apunta a una mayor precisión analítica para identificar los motivos de la discriminación, así como la diferencia entre esta y los fenómenos de exclusión. En términos amplios, analíticamente parece ser útil entender la discriminación como un conjunto de actitudes dirigidas hacia las poblaciones sobre las cuales están más acentuados los perjuicios derivados de la exclusión. Así, mientras que la discriminación actuaría en el campo de las actitudes, la exclusión se expresaría en la existencia de barreras en el acceso a oportunidades y servicios públicos por brechas ligadas a sexo, clase social, etnicidad, condición socioeconómica, entre otros factores.

Avanzar en el análisis

Dentro del conjunto de artículos presentes en los libros mencionados, de especial interés es el que realizan Kogan, Lay y Kámiche[8] mediante el uso de métodos mixtos. Los autores estudian cuánto influye la raza y/o el nivel socioeconómico en la historia profesional de egresados universitarios, específicamente, en las posibilidades de acceder a puestos gerenciales de alto nivel en el mercado laboral limeño. Para ello, las autoras aplican una metodología de estimación de un modelo probit sobre una muestra de 381 profesionales egresados de la Universidad del Pacífico entre 1990 y 1995, a la par que realizan 22 entrevistas a profundidad sobre la base de dicha muestra, la mitad de ellas a mujeres. Su estudio encuentra que ser hombre, de raza blanca, haber pagado la pensión más alta y trabajar en una microempresa aumentan la posibilidad de tener un cargo máximo en la empresa, considerando un nivel de significancia de 1%. De allí que las investigadoras concluyan que para la muestra estudiada aún existe discriminación por sexo, raza y nivel socio-económico. Para el caso de los apellidos, sus resultados no encuentran evidencia clara de que este determine en un sentido u otro la línea de carrera del egresado, tratándose más bien de algo relativo: puede constituir un obstáculo o una ventaja. También encuentran que los resultados académicos obtenidos en el pre-grado no tienen ningún efecto en la probabilidad de alcanzar un rango máximo en una empresa, y que su contribución se limitaría a la consecución del primer trabajo o la primera práctica.

Por su parte, las entrevistas realizadas en su estudio aparecen como evidencia cotidiana que sustenta los resultados hallados estadísticamente, y ayudan a matizar la influencia de ciertas variables. Por ejemplo, la brecha sexual a favor de los hombres queda expresada en el testimonio de una mujer que renunció a su trabajo al quedar embarazada y se sintió apremiada por las responsabilidades domésticas que adquiriría junto con el nacimiento de su hijo. Asimismo, se percibe que ser blanco constituye una ventaja laboral que, sin embargo, no es determinante, porque las capacidades demostradas son las que finalmente decidirán el ascenso laboral; en ese sentido, quienes son vistos como blancos serán retribuidos con ciertas prebendas siempre que los estereotipos que les favorecen se vean reforzados por las capacidades demostradas. En lo referente a  nivel socioeconómico, los entrevistados son claramente conscientes de que esta variable es determinante para lograr niveles altos a nivel corporativo, y atribuyen esto a varias razones: acceso a maestrías, dominio de idiomas, redes sociales más densas, etc; a su vez el nivel socioeconómico alto podría incidir en un mayor remuneración, ya que muchas empresas solo podría retener a sus empleadas pagándoles de acuerdo a sus expectativas salariales. Las entrevistas muestran que si bien el nivel socioeconómico, asociado a raza y apellido, es importante para el éxito laboral, dicha relación no es concluyente, pues se reconoce que la personalidad y el empeño pueden conducir al éxito incluso a quienes tienen desventajas sociales. A su vez, las ventajas y desventajas asociadas a esta relación dependen de sector laboral, porque –por ejemplo- los jefes del sector minero no son iguales a los jefes del sector pesquero.

Así, estudios de métodos mixtos que incluyan componentes estadísticos, etnográficos, experimentales y de aproximación histórica parecen ser los más potentes para estudiar con exactitud los problemas aquí tratados. Mientras que la estadística permite identificar patrones existentes, y sus causas “objetivas”, la investigación cualitativa permite dar cuenta de las relaciones concretas que expresan estos patrones, en tanto que la investigación histórica da luces sobre los procesos que a lo largo del tiempo han dado forma a estas situaciones. Por ejemplo, no basta con saber que los niños indígenas de determinada región tienen más desventajas en lo referente a logro educativo, sino que también es importante conocer las dificultades que al interior del ámbito escolar van apareciendo como correlato de dicha brecha: burlas, problemas para entender conocimiento transmitido en códigos culturales ajenos, responsabilidades compartidas entre la escuela y el trabajo en el campo, etc.; estos hallazgos serían aún más sólidos si investigásemos como las políticas educativas en el país han sido diseñadas de forma tal que dificulten el acceso de niños indígenas a la escuela, así como la acumulación de demandas y luchas regionales que han intentado revertir tal situación[9].

La fuente original del texto corresponde a: “Algunas consideración sobre el conflicto armado interno” (29 de marzo del 2013). En: Patio de Sociales. Un espacio del Círculo de Estudios Interdisciplinarios. Disponible en: http://www.patiodesociales.com/2013/03/algunas-consideraciones-sobre-el....


* Antropólogo egresado de la UNMSM.Director de Investigación del Instituto de Estudios Políticos Andinos. Miembro del equipo de la Dirección de Diversidad Cultural y Eliminación de la Discriminación Racial del Viceministerio de Interculturalidad.

[1]Santos, Martín. “La cuestión racial: un ajuste de cuentas en tiempos de globalización y postmodernidad”. En: Debates en Sociología, nº 27. Lima: PUCP, 2002.

[2] Cadena, Marisol de la. Indígenas mestizos. Raza y cultura en el Cusco. Lima: IEP. 2004. La publicación original en inglés data de 1999.

[3]Otros trabajos de este corte aparecen reseñados en Valdivia, Néstor.“¿Somos o no racistas los peruanos? Algunas evidencias desde las Ciencias Sociales”. En: Le Monde Diplomatique – edición peruana, Dossier, Año II, n° 24, Abril 2009.

[4] Galarza, Francisco (ed.). Discriminación en el Perú. Exploraciones en el mercado, la empresa y el mercado laboral. Lima: Universidad del Pacífico, 2012.

[5]Sanborn, Cynthia (ed.). La discriminación en el Perú. Balance y desafíos. Lima: Universidad del Pacífico, 2012.

[6] Una discusión interesante al respecto la ofrece Sulmont, David. “Raza y etnicidad desde las encuestas sociales y de opinión: dime cuántos quieres encontrar y te diré qué preguntar…”. En: Cynthia Sanborn (ed.). La discriminación en el Perú. Balance y desafíos. Lima: Universidad del Pacífico, 2012. Entre otras cosas, este autor señala que la selección de determina(s) variable(s) para estimar la población indígena puede dar resultados muy distintos. Así, el trabajo de Figueroa y Barrón arroja casi un 75% de población indígena en el Perú del 2002, en tanto que si se utiliza solo la lengua materna del jefe de hogar de acuerdo con la ENAHO 2001, se encontraría que el estimado de “hogares indígenas” en el Perú sería del 19.2% del total de hogares. Una discusión bastante más extendida se encuentra en Valdivia, Néstor. El uso de categorías étnico/ raciales en censos y encuestad en el Perú: balance y aportes para una discusión. Lima: GRADE, 2011.

[7] Figueroa, Adolfo and Manuel Barrón. Inequality, Ethnicity and Social Disorder in Peru.WorkingPaper n° 8. Oxford: CRISE, 2005, p. 9. Traducción libre.

[8]Kogan, Liuba, Joanna Kámiche y Patricia Lay. “¿El origen socioeconómico y la raza pagan? Un estudio interdisciplinario sobre la discriminación racial y socioeconómica en el ámbito empresarial limeño. El caso de los egresados de la Universidad del Pacífico”. En: Francisco Galarza (ed.). Discriminación en el Perú. Exploraciones en el mercado, la empresa y el mercado laboral. Lima: Universidad del Pacífico, 2012.

[9] Los interesados en conocer trabajos académicos sobre racismo, discriminación y exclusión pueden revisar el repositorio de investigaciones y estudios sobre el tema que se encuentra en la página de la plataforma Alerta Contra el Racismo, del Ministerio de Cultura. El link es el siguiente: http://alertacontraelracismo.pe/investigaciones/