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Violencia, racismo y convivencia ciudadana

En las últimas semanas hemos recibido diferentes Alertas sobre una situación de violencia generada entre un grupo jóvenes de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y una joven mujer. El video que registra la situación permite observar una discusión; se observa que una muchacha externa a la universidad está discutiendo con más de una decena de estudiantes, los mismos que asumen una actitud de agresión grupal -con algunas excepciones- y que por momentos evidencian comportamientos y manifestaciones de discriminación. Días después se reporta una grave agresión física de un joven de 17 años hacia un compañero menor, esto debido a que el último en mención aparentemente lo agredía constantemente con injurias vinculadas a su origen étnico. (Ver video)

Podríamos hacer un recuento largo de los casos que salen a la luz sobre expresiones o acciones de discriminación por parte de los jóvenes en nuestro país. Sin embargo, es importante destacar que estos casos son síntomas de la preocupante situación en la que se encuentra nuestra capacidad de convivencia ciudadana y del nivel en que se despliega la violencia. Pero en especial, de las antiguas, nuevas y distintas tonalidades y lenguajes que adquiere la discriminación y la exclusión en nuestras relaciones cotidianas entre los ciudadanos, particularmente en los jóvenes de nuestro país.

Las situaciones que evidenciamos van más allá de acusar públicamente a las personas, de condenarlas individualmente o someterlas a otros discursos de odio, que en respuesta producen más racismo. Lo crucial es que problematicemos como Estado y sociedad, que somos una comunidad ciudadana con una capacidad muy frágil de convivencia, respeto y reconocimiento. Observamos, por ejemplo, que en determinadas circunstancias los prejuicios sociales, los estereotipos culturales y las relaciones estructurales como el racismo, el sexismo, el estigma corporal y la exclusión clasista marcan con su lacerante sello nuestra precaria convivencia ciudadana, e imprimen con violencia y dolor muchas de nuestras experiencias cotidianas.

Es necesario, por tanto, problematizar que muchas frases y convenciones responden y se despliegan en este sentido de violencia y discriminación: “te contrato para que limpies mi baño”1, tirar monedas al suelo, decir, por ejemplo: “Me llega al pincho tu casa, tu vida cholo de mierda ”2, “negra cocodrilo”3 , limpiarse el cuerpo al rozar con una persona, entre otras; son manifestaciones de aquellas estructuras discriminatorias que tenemos incorporadas y que se evidencian en la cotidianeidad de nuestra convivencia.

Resulta fundamental, entonces, interpelar críticamente los imaginarios sociales en los que se sustentan estas prácticas discriminatorias, pues en el caso que reseñamos líneas arriba, se evidencia un abierto desprecio por algunos oficios que habitualmente desempeñan personas pertenecientes a sectores sociales que se encuentran en situaciones de dependencia y jerarquización, y que además han sido históricamente discriminados en nuestro país.

Frente a esto, Alerta Contra el Racismo desea expresar su preocupación y llamar a la reflexión a todos aquellos jóvenes protagonistas del presente y el futuro de nuestro país, a los cuales invitamos a sumarse a la lucha contra el racismo y la discriminación étnico-racial a través de nuestra plataforma www.alertacontraelracismo.pe . Además, hacemos un llamado a los centros educativos quienes deben colaborar con el Estado a garantizar la formación de ciudadanos respetuosos de nuestra diversidad y capaces de convivir y construir una cultura de paz y de cohesión social en el país.

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1. Burla racista de un estudiante universitario hacia una joven mujer. Ver video

2. Jóvenes dirigen insultos racistas hacia un periodista. Ver video 

3. "Negra cocodrilo" es el insulto que recibió Azucena Algendones por parte de una compañera de trabajo. Ver reporte