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“Estamos en una fase de construcción de una ciudad más moderna que requiere de ciudadanos enterados de sus derechos y deberes”

El derecho al uso del espacio público en nuestro país viene ganando terreno. Cada vez se ven más denuncias –y el rebote necesario de los medios de comunicación- en torno a los casos de discriminación que se dan en el acceso y uso de dichos espacios. A propósito del tema conversamos con Mariana Alegre, Coordinadora General del Observatorio Ciudadano Lima Cómo Vamos, que realiza seguimiento y evaluación a los cambios producidos en la calidad de vida de los habitantes de Lima Metropolitana.

¿Consideras que esta ciudad, por su configuración y por el uso y acceso que tenemos de los espacios públicos, es propensa a discriminar o directamente discrimina a sus ciudadanos?

Como ciudad en sí misma no necesariamente. Tenemos una tipología urbana que no promueve la diversidad, con lo que tiendes a la separación y a la segregación que, a su vez, redunda en una sociedad que no está dispuesta a mezclarse. Eso pasa porque la fórmula del diseño urbano, no necesariamente planificado, crece a lo ancho y a lo largo antes que hacia arriba, pero que además se ha zonificado en espacios de usos exclusivos. Una zona es residencial, otra comercial, otra industrial. Cuando uno no promueve los barrios mixtos en los usos y en niveles socioeconómicos, lo que se tiene son espacios segregados y separados donde los ricos viven en una zona, los pobres viven en otra zona; acá solo van los de la universidad, acá solo los de la industria. Eso genera problemas en la relación y en la interacción entre personas. A eso se suma el problema que arrastramos producto del terrorismo y de la inseguridad ciudadana; incluso antes, pensando en las migraciones, tenemos una sociedad que ha sido proclive a no pensar en los espacios públicos como escenarios de democracia y de diversidad, y donde han sido espacios de miedo y de represión. El terrorismo ha hecho que en muchos casos la gente se concentre hacia dentro de su vivienda, por lo tanto estar fuera de su vivienda no era, hasta hace poco, considerado algo favorable, y aquel que usaba el parque era el que no podía usar el club, si hablamos en términos de clase. Ahora, por suerte, hay una evolución en ese sentido: las personas de niveles socioeconómicos más altos están volviendo a usar los parques (se ve en los distritos consolidados como San Isidro, Miraflores, San Borja), pero dentro de todo ese proceso el esquema va perpetuando la diferencia social que se da por las migraciones, la división ande/costa y todo el componente racial. Ahí se genera un problema pues el desarrollo de la ciudad tampoco motiva esa integración. Cuando se empiezan a dar espacios de uso público, como por ejemplo el Metropolitano, el servicio es exactamente el mismo así seas el señor más millonario del mundo o la persona más pobre. Se da el espacio para encontrar y encontrarnos en condiciones de igualdad, cosa que no ocurre cuando uno maneja la camioneta y el otro va en la combi. Ahí se empiezan a limar, justamente, esas diferencias.

[caption id="attachment_4476" align="alignright" width="300"]Mariana Alegre. Foto: Punto Edu Mariana Alegre. Foto: Punto Edu[/caption]

En este contexto donde el espacio público empieza a cobrar mayor protagonismo, ¿qué importancia tienen iniciativas como ‘Ocupa tu calle’, que han promovido desde ‘Lima Cómo Vamos’?

Es sumamente interesante que en un contexto en el que salimos de inseguridad mayor –porque sigue habiendo inseguridad ciudadana y temor- salimos también de crisis económica. Además, tenemos un país con instituciones todavía débiles, pero con democracia estable. Cuando ya salimos de eso, al menos la gran mayoría de gente -porque no todos tienen, lamentablemente, casa y comida-, las preocupaciones empiezan a ser otras y son preocupaciones “accesorias”, asociadas con el parque que tengo frente a mi casa, con el tiempo que paso en autobús, con la calidad del aire. Migramos de la necesidad básica al bienestar completo. Ahí los ciudadanos comenzamos a demandar, exigir y a preocuparnos por otros espacios. Mientras más bienestar económico tengas, te puedes preocupar más del parque, y por eso que los movimientos de reclamo, que no son asociados a vivienda o saneamiento, que ocurre claramente en todos lados, ocurren principalmente en barrios y zonas donde la gente tiene bonanza económica. Después de eso uno de los temas que surge es la necesidad del espacio público y ante esa necesidad tenemos, con los resultados de las encuestas, que en general en los servicios ciudadanos hay una gran desigualdad por aspectos económicos o por zonas de la ciudad. Por ejemplo, Lima Sur es la que está más atrasada en general, por lo cual sus ciudadanos manifiestan más insatisfacción con un montón de cosas (inseguridad, áreas verdes). En el tema de espacios públicos es lo mismo. A eso se suma que las personas no reconocen que el espacio público es un derecho, tanto a disfrutarlo, usarlo, que esté en buenas condiciones y que además no te cobren. Así como eso, también tienes la barrera de discriminación: Espacios públicos donde el sereno de turno a uno lo mira con más atención que al otro, claramente un asunto de prejuicio. Hay escenas bastante clásicas de vecinos reclamándoles a otros que no usen el parque porque no viven ahí o vecinos que se ufanan de ser del distrito de nacimiento. Hay una necesidad de pertenecer, que no está mal, pero cuando esa pertenencia es excluyente estamos en problemas. Entonces, ‘Ocupa tu calle’ es una iniciativa con mucho éxito porque ha sido bien recibida y con muy poco tiempo se ha viralizado; es una muestra que, en principio, iba a durar solo 12 días en diciembre de 2014, pero pasó a tener diez intervenciones que han sido instaladas y casi todas todavía continúan, y cada vez más grandes. Estamos inaugurando el 29 de febrero uno en el Rímac de 900 metros cuadrados. Hemos encontrado ambas opiniones: Una de gente muy interesada en que el espacio se instale porque empiezan a entender el beneficio, por ejemplo para los comerciantes de la zona han entendido que el espacio es favorable, que atrae clientes, que funciona. En el otro extremo tenemos la oposición de algunos vecinos (por suerte la minoría) que no quieren que se coloquen esos espacios porque justamente son “espacios para la gente”, y eso significa que alguien va a estar ahí y se va a sentar ahí. Eso molesta a algunos vecinos, sobre todo cuando asumen que ese espacio no va a ser usado por ellos mismos, que son vecinos del distrito. Ahí se cuela todo el componente racista y de discriminación que preocupa. Hemos recibido incluso el comentario de un vecino en uno de los espacios que era justamente de los más contenciosos de un barrio acomodado: “Todo bien con el medioambiente, a mí me gusta la ecología, pero no en la puerta de mi casa”. El argumento es que la gente va a emborracharse, lo cual es totalmente válido que fastidie. Desde la lógica urbana lo ideal no es prohibir el uso. Uno puede tener una pollería, una fábrica, una discoteca, el problema son las emisiones, el humo que genera, el ruido que hace. La prohibición no es cortar el tronco del árbol, sino controlar esos impactos y para eso se necesita regulación, control, inversión. Lo mismo ocurre cuando uno está usando el espacio público en mal sentido. Uno está feliz de usar el espacio público y quieres comer en el espacio público, entonces no hay problema, pero deja todo limpio. Claro, el asunto del alcohol es complejo, en otras ciudades es libre, en otros no, pero a nadie le interesa tener un borracho durmiendo en ningún lado. Pero hay que controlar esa actitud, no eliminar el espacio.

En muchos casos cuando un transeúnte que pasa por una calle enrejada con seguridad privada este le dice que no puede pasar, que tiene que enseñar su DNI, agacha la cabeza y asume que, efectivamente, no puede andar por ahí. ¿Cómo revertir esta situación?

Tenemos una pregunta en la encuesta sobre si la gente está a favor de la colocación de rejas por razón de seguridad versus el espacio de libre tránsito. Tenemos una población bastante dividida, pero además de eso, tanto en ese tema, como en otros –ojo que una gran parte de las rejas se coloca con permiso del alcalde, entonces ahí hay un tema que evaluar porque no es algo arbitrario del vecino- hay que darle una narrativa al espacio público, que creo que se está empezando a construir con los vecinos que reclaman porque les están poniendo un carril y quitando veredas o que no funciona un parque porque está deteriorado. Ahí está empezando a surgir una demanda del ciudadano que claramente es un derecho. Claro, falta que sea masivo, que pensemos en una fórmula que indique que el espacio público es de todos y que tengo el derecho de disfrutarlo y el sereno no me puede decir que no me puedo echar una siesta en el parque, independientemente de dónde estés. Estamos en una fase de construcción de una ciudad, en ese sentido, más moderna, que a su vez requiere una sociedad y unos ciudadanos más inteligentes, enterados de sus derechos y deberes también.

Lima Cómo Vamos VI Informe

A propósito de la narrativa y del lenguaje que utilizamos y que recogemos, en muchos casos, de los medios de comunicación y lo asumimos como tal, hace poco un organismo como la Municipalidad de Lima hizo en un video la diferenciación de los ciudadanos de acuerdo al distrito donde residen como vecinos por un lado y pobladores por el otro. ¿Cómo afecta esto en la opinión pública, en su inconsciente colectivo sobre quién tiene, supuestamente, más derechos que otros?

Eso es algo que algunas personas venimos reclamando hace algún tiempo porque denota ese subconsciente que se expresa en esa diferenciación del lenguaje. Leía que alguien reclamaba porque una candidata al congreso tenía el mismo meme en el que decía “acá dialogando con los vecinos de Miraflores” y “acá escuchando a los pobladores de…”. La persona que puso en evidencia eso dijo que claro, con unos dialogamos porque su opinión es igual a la mía, y a los otros los escucho porque no tengo nada que ver con ellos. Seguramente esa persona, los medios de comunicación y la misma Municipalidad no se da cuenta, no es consciente de que está haciendo esa diferenciación, pero justamente eso es lo grave, que se da y que no nos damos cuenta de que está mal. Eso es un avance importante en esta fase en la que nos empezamos a preocupar de otras cosas porque ya no es gracioso, ya no está bien visto que alguien haga o diga un comentario o chiste racista, y cuando eso ocurre vemos los escándalos en redes sociales. Lo seguirán pensando, pero ya no lo dirán. Vamos a pasar del que lo piensa, lo reprime, pero ya no lo dice hasta que se diluya. Ha pasado lo mismo con el acoso sexual callejero, donde ya los reclamos llegan. Se puede seguir creyendo que quien denuncia es una loca por quejarse, pero ya no lo puedo decir. Eso es un avance. Lo mismo va a pasar con los espacios públicos, lo mismo con el peatón y su derecho a ser prioritario en la ciudad, pero hay que impulsarlo, hay que hacer notas como estas, hay que hacer escándalos también para que se ponga en evidencia.