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Centro de Escucha de la Ruiz de Montoya revela discriminación contra migrantes extranjeros y locales. Entrevista a Iciar Villacieros.

La Universidad Ruiz de Montoya cuenta con un espacio donde estudiantes de Psicología y de la maestría de Consejería se sientan a escuchar los testimonios de distintas personas -nacionales y extranjeras- que se encuentran en situación de crisis o sufrimiento por diversas razones, entre ellas las víctimas de discriminación. En consecuencia, estas personas tienen la necesidad de expresar sus emociones, de descargar sus frustraciones y tener una persona que los escuche en este mundo. Se trata del Centro de Escucha, un espacio que sirve para brindar acompañamiento personal gratuito y que opera desde mayo de 2014 a cargo de la psicóloga Iciar Villacieros, especialista en terapia familiar y con experiencia en el trabajo con adolescentes.

¿Cómo nace el Centro de Escucha?
Se da por una pre experiencia piloto por mi curso de Técnicas de Entrevista y Relación de Ayuda, que es un curso que da habilidades básicas a los estudiantes de psicología sobre lo que es la escucha activa, la empatía, hacer preguntas exploratorias. A final de año les puse una actividad práctica de ir a hacer entrevistas. La primera vez que lo hicimos fue con personas que acudían a pedir ayuda a la DEMUNA de la municipalidad Pueblo Libre. Tenía veinte alumnos y cada uno de ellos hizo dos o tres entrevistas de este tipo, de escucha activa o relación de ayuda. La experiencia fue muy buena, los alumnos quedaron muy contentos y las personas de la Municipalidad también, entonces se pensó en coordinación con ellos y con otra oficina que tenemos aquí (Proyección Social) hacer un centro de escucha. Todo el primer año (2014) el local nos lo prestó la Municipalidad y empezamos a trabajar con ellos. La idea era que como municipalidad empezaran a implementar una ayuda de este tipo como un primer paso antes de ir al psicólogo. No es un modelo tan profundo y además los que atienden son alumnos. Siempre los supervisamos semanalmente, hacen sus fichas y reciben una capacitación. Estamos encima de todos los casos, no atienden solos.

¿Se pensó en algún público objetivo?
No, es libre. Lo que no atendemos son niños porque no estamos especializados en eso y porque requiere una maestría para un psicólogo y todavía mis alumnos no son egresados. Tampoco atendemos psicopatologías grave (alcoholismo, depresión, esquizofrenia, bipolaridad). Eso requiere de un psiquiatra. Hay gente que viene con síntomas, sobre todo ansiedad y depresión, que están a medio camino. Los atendemos y les exigimos que, si quieren venir con nosotros, tienen que ir al psiquiatra a la vez.

Y dentro de estos casos encontraron casos de discriminación…
Hemos coordinado con varios proyectos y programas que atienden en Lima a personas migrantes de otros países, por lo tanto susceptibles de discriminación o rechazo, tanto por origen como por el color de la piel. Hemos trabajado con programas que atienden migrantes externos internacionales, también vienen migrantes internos. A nivel psicológico lo que se trabaja es lo mismo: Síntomas de depresión, ansiedad, asilamiento, soledad, falta de inserción laboral; si eres extranjero tienes que generar visas o cuestiones administrativas. Si a esto se le suma la discriminación y el rechazo, amplía el estrés. De hecho se ha definido este como estrés por aculturación, sobre todo para los extranjeros existe todo un síndrome descrito que también se llama el ‘Síndrome de Ulises’, que habla de los síntomas que se sienten y de cómo la discriminación y el rechazo son factores claves que aumentan el estrés cuando eres nuevo en una ciudad como Lima, donde te sientes solo, te tienes que buscar la vida y empezar de cero.

En la experiencia que han tenido, ¿cómo se manifiesta la discriminación hacia estas personas?
La sufren por muchos motivos. Son una población vulnerable porque al estar, en muchos casos, sin protección legal de documentación les ofrecen contratos totalmente abusivos de jornadas larguísimas (eso le sucede también a las personas de provincias) que no tienen ningún respaldo legal. También puede haber muchos prejuicios y estereotipos. Principalmente la idea que tienen los peruanos –y también me lo han dicho en la calle, me lo he encontrado hablando con gente- sobre los colombianos es el estereotipo de que el colombiano varón es narcotraficante y que viene a Lima a trabajar con drogas y a lucrar de esa manera, y las mujeres vienen a ejercer la prostitución.

El tema del sicariato también…
También es otro prejuicio.

¿Ha habido casos de insultos racistas? ¿De qué tipo? ¿Hacia quiénes? ¿Los afros?
Principalmente, claro, por su físico, por sus formas, por estos tópicos les llaman de todo, como prostitutas, que trafican, o el tema del sicariato. Todo eso se manifiesta en el trabajo porque están aislados, están solos, y efectivamente por la experiencia me dicen que las colonias colombianas se juntan para apoyarse y para celebrar sus fiestas y demás. Eso genera un aspecto positivo para ellos, pero negativo porque la sociedad peruana los ve como aislados.

¿Cuál sería el perfil del victimario, del que agrede a la población migrante?
En general el peruano medio. Hace poco salió en las noticias, con toda la crisis de siria, que el gobierno peruano iba a abrir sus fronteras para los sirios y en las encuestas a los peruanos en la calle la respuesta es: “Si en Perú ya estamos mal, no tenemos trabajo y tenemos problemas para conseguir plata, para qué van a venir estos sirios”. El racismo en el Perú existe. Hay una doble cosa con los países del norte del mundo. Es una especie de prejuicio y envidia o complejo, y a la vez admiración y sentimiento de inferioridad. Te ponen muy arriba o te ponen muy abajo. Hay gente que está muy feliz de trabajar contigo, de ver cosas nuevas, de aprovecharse en beneficiarse de tu capacidad, de tu formación superior; pero otras personas, en cuando hay un menor conflicto, te tachan de superior o aparecen complejos, sentimientos de inferioridad.

Siendo el Perú un país que suele emigrar, los peruanos solemos emigrar más allá de recibir migrantes extranjeros, ¿cómo podría cambiar este panorama para que el peruano que no está acostumbrado a recibir extranjeros pueda adecuar esta experiencia a su día a día?
Perú siempre ha sido un país expulsor de migrantes, pero ahora, en los últimos tres años, desde la crisis europea y de EEUU del 2008, está recibiendo en los últimos cuatro años. Se ha multiplicado por tres o por cuatro la migración que está recibiendo, y eso hace que los peruanos medios tengan que adaptarse. Perú de por sí ya es un país multicultural y heterogéneo, y ahora va a recibir mucho la migración. No solo de europeos, sino también de países como Haití, Colombia y Venezuela, que están expulsando migrantes, y está proliferando la migración sur-sur, que es esta justamente. Muchos de los que vienen y cruzan por Perú, como los asiáticos, colombianos, haitianos, su destino es Chile. Perú se convierte en un país de paso, pero como también son rebotados en las fronteras, se quedan. Tacna es la segunda frontera del Perú que más tráfico y cruce de personas han registrado después del aeropuerto. Se está convirtiendo en una ciudad receptora de emigrantes, muy mezclada.

Imagino que tiene que ver con el hecho de que los chilenos van y vienen…
Van y vienen, efectivamente. Ahora se ha quitado el convenio que había de los siete días. Históricamente hubo esta relación Tacna-Arica que los peruanos podían cruzar solamente por siete días para hacer trámites de mercancía (compra-venta), pero se ha cancelado el año pasado. El convenio daba pie solamente para cruzar hasta Arica, no la siguiente frontera, que ya da acceso a Antofagasta y Santiago, pero mucha gente se colaba. En concreto colombianos, gente que está buscando ir hasta Santiago. Antofagasta también es una ciudad que está llena de migrantes ahora.

¿Qué hacen con estos casos una vez que llegan?
Ofrecemos diez entrevistas de ayuda, de una hora cada una, en lo que son dos meses y medio de atención. Una entrevista semanal, gratuitas hasta el momento. Lo que hacemos es dar soporte a estas personas, ayudarles en su adaptación, a soportar psicológicamente y mejorar todos los aspectos de nostalgia de su país, de depresión y ansiedad, darles red social, ayudarles a buscar espacios donde puedan apoyarse en otras personas, darles redes naturales porque llegan y están solos, y sometidos a este estrés migratorio por aculturación. Todavía el Centro de Escucha no hace campañas de sensibilización, solo tenemos estas citas individuales, pero está pensado el proyecto para el año que viene o el siguiente que el Centro de Escucha tenga talleres educativos, talleres de grupo de sensibilización y tenga las diez sesiones de escucha, o sea que tenga las tres patas. La sensibilización, las citas de consejería, de acompañamiento, y talleres.

Tienen un horario bastante amplio, de lunes a sábado. ¿Cómo hacen para cubrirlo?
Atendemos desde 9 de la mañana, incluso desde las 8, hasta la noche. Y luego los sábados hasta las 7 de la tarde, que es el horario que abre la universidad. Hay dos tipos de escuchas o acompañantes que realizan este tipo de trabajo. Por un lado, los alumnos de último año de Psicología. Ellos atienden un mínimo de dos casos, máximo hasta cuatro casos a la semana. De este tipo de alumnos tenemos siete u ocho al año. Y tenemos una maestría en Consejería. Ese tipo de alumnos es mayor, suelen ser adultos, egresados de otro tipo de carreras. De esos tenemos tres. Al final tenemos más de diez, once personas atendiendo anualmente, por eso podemos cubrir todo el espacio. Tenemos una media semana de 35 hasta 40 personas a la semana que acuden. Multiplicado por todas las semanas del año académico el Centro de Escucha tiene una capacidad de atención de 1140 personas al año que pueden realizar sus diez sesiones. Hay que contar con que no estamos funcionando al 100% de la capacidad. Funcionamos a un 40% porque que vengan a la semana entre 30 y 40 personas quiere decir que no estamos cubriendo, por ejemplo, el horario de las 8 de la mañana, del almuerzo. No se puede funcionar al 100% de todo el espacio que tenemos porque la gente no puede venir en esos horarios; todo el mundo quiere venir en la noche o el sábado.

¿La mayoría es extranjera o migrante interna?
Peruanos te diría que el 70%, pero vienen de todos los distritos, no solo de Pueblo Libre. Te diría que un 10% del Centro de Escucha son migrantes extranjeros que vienen por convenios. Deben estar mezclados, migrantes internos no debe ser fácil detectar, salvo que les preguntes de dónde eres.

De los peruanos que vienen al Centro de Escucha y que son víctimas de discriminación, ¿cómo se manifiesta esta discriminación?
Prejuicios de procedencia. También por tener rasgos más indígenas. Lo que nos han reportado es abuso, sobre todo, en su ámbito laboral y mucho en el servicio doméstico. Hay que tener en cuenta que el Centro de Escucha es un servicio gratuito, entonces atiende gente de estratos sociales muy precarios, y algunas personas trabajan mil horas en servicio doméstico y son sometidas a comentarios de todo tipo: “No tienes derecho a comer en la cocina porque como en tu pueblo comen en el suelo, tú come allá, en el baño”. Son sometidos a todo tipo de condiciones, humillaciones y maltratos bajo este prejuicio de en tu provincia lo hacen, así aquí tengo el derecho de explotarte o de tratarte como si fueras un ciudadano de segunda categoría.

¿Se ha dado un avance a partir de las sesiones, principalmente en su autoestima?
Sí, principalmente en el área de la autoestima, de la asertividad y en conseguir red social. Eso lo trabajamos muchísimo y se consigue: Que no estén solos, que busquen con quién hablar de estos tratos y que se pongan más firmes en lo que son sus derechos, en la asertividad, porque fundamentalmente lo que genera mucha depresión es este sentimiento de sumisión, de que no tengo derecho, de que me tengo que quedar callado, de que tengo que aguantar todo tipo de discriminación o de maltrato.