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"En el Perú las diferencias económicas se racializan"

‘¿Desiguales desde siempre? Miradas históricas sobre la desigualdad’ es el último libro del historiador e investigador Antonio Zapata, quien junto al también historiador Rolando Rojas, hace un repaso histórico sobre las distintas connotaciones que ha tenido el concepto desigualdad en el Perú. El racismo se convierte, entonces, en un factor clave para entender las diferencias que han hecho de nuestra sociedad una fragmentada y enfrentada entre sus distintas clases sociales y etnias. Conversamos con el autor a propósito del libro, de la desigualdad y el racismo desde una perspectiva histórica y los posibles escenarios que nos esperan.

¿Podría decirse que el racismo, independientemente de los factores que lo motivan, implica un discurso que sirve para mantener subyugado al otro?

Sí, para discriminar, para establecer quién está arriba, quién está abajo, para definir la jerarquía. Como la discriminación es una costumbre muy extendida, pues a lo largo de las pirámides sociales se va discriminando siempre. El campesino pobre de un valle se siente mucho más humano que el pastor de la puna. En la base de la sociedad la discriminación permanece.

Distintos factores han ido dándole contenido al racismo, sin embargo lo fenotípico se ha instaurado culturalmente como el factor predominante. ¿Cuánto ha influido este factor en la perpetuación del racismo? ¿El color de la piel ha sido trascendental para el discurso racista?

En cierta manera sí. El color, la forma del cuerpo, están a la vista y constituyen un elemento que siempre está presente, atemperado o disminuido por el poder económico. No es que lo fenotípico desaparece, sino que es una base sobre la cual se construye un edificio de prejuicios y de jerarquías, y en ese nuevo edificio lo fenotípico va no siendo el criterio principal, sino dando paso a otros criterios que no lo anulan, sino que juegan con él.

De acuerdo a la proyección, en el caso del Perú, ¿lo fenotípico todavía tiene un rango de acción importante en el racismo o son otros factores como el dinero o la ‘clase’?

Si lo ves cómo era hace cien años y cómo ha ido evolucionando, lo fenotípico está cayendo en el sentido de que, por un lado, hay cada vez más población mestiza. Por otro lado, conozco casos en los cuales personas que son de rasgos andinos y han salido de lugares populares, luego, a través de la educación, terminan una carrera universitaria, hacen un doctorado y regresan al Perú. Una vez que regresan como doctor, profesor universitario, que usa saco y corbata, que tiene una 4X4, ya nadie los trata de cholos. Fueron choleados durante su duro comienzo, pero una vez que asciendes socialmente, a través de la educación o algún otro medio, y te posicionas en la clase media, sobre todo en la clase media intelectual, nadie te vuelve a cholear, a diferencia de lo que hubiera ocurrido 50, 80 años atrás, en que una persona con esa trayectoria habría sido considerada cholo paras siempre. Hoy día se casa con quien quiere, sus oportunidades de ascenso social han crecido mucho. Nadie sabe qué cosa ocurrirá en el futuro, pero proyectando lo que veo, diría que lo fenotípico está declinando como factor esencial de la discriminación.

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Menciona a las clases medias intelectuales como un ambiente donde el racismo fenotípico va desapareciendo, siempre y cuando haya las oportunidades para ascender socialmente. ¿Cuánto ha influenciado este sector para reforzar o disminuir el discurso racista en la historia del país?

Los intelectuales no son un grupo homogéneo. Registran las heterogeneidades culturales, ideológicas y políticas del resto. Es una fantasía creer que los militares votan homogéneamente en el mismo sentido. Nada que ver. Votan por todos los partidos. Lo mismo ocurre con los intelectuales: encontrarás intelectuales progresistas como intelectuales que, por el contrario, justifican las desigualdades, las jerarquías.  Podrías establecer dos columnas paralelas que han estado permanentemente en debate. No es que estén independientes los unos de los otros, sino que están en polémica. En ese sentido, el grupo de intelectuales en el Perú ha contribuido tanto a temperar las diferencias como a justificarlas.

¿En el discurso antirracista cuándo hay de cierto y cuánto de lo políticamente correcto?

Durante una parte del siglo XX quisimos que el Perú fuera mestizo, pero hacia finales de la guerra de Sendero, llega al Perú, desde el extranjero, una nueva idea, la de “viva la diversidad del Perú, es un país megadiverso y bendito sea por serlo”. En esas circunstancias viene la actitud peligrosa que estás mencionando: lo políticamente correcto; es decir, puede ser una justificación de la segregación: “Viva la diferencia, yo no me meto contigo, no te hago daño, te acepto, pero eso sí: tú en tu barriada y yo aquí en Asia, y ni te vengas porque acá hay un muro que nos separa”, entonces la diferencia sirve para establecer un apartheid interno. Esa misma idea de la megadiversidad, si la interpretas con otros criteros, como tolerancia, interés por el otro, puede ser fuerte para integrar un país que no lo logró por la vía del mestizaje. Si el mestizaje no resolvió el problema, la diversidad podría ayudarnos. Sin embargo, así como se presenta la idea de la megadiversidad, puede llevar a una gran hipocresía y ser la base ideológica de una discriminación tan perversa como las anteriores.

¿Conoce algún país, con una realidad similar a la peruana, que sea paradigma del progreso en la lucha contra la discriminación?

Hay países en los que la mayoría se identifica con un tipo homogéneo y único de una manera mucho más rotunda que el Perú. Pienso en México: todos se sienten más o menos ‘cholos’, charros… La idea del cholo en término mexicanos. Puede parecer menos racista porque son más homogéneos, pero en realidad son bien racistas porque el que sí no es, padece. Suelta a un japonés en México y verás cómo lo maltratan, suelta un negro y le tiran cáscara de naranja en el metro. Parece un país menos racista que el Perú porque todos son del mismo tipo humano, se tratan bien entre ellos, la raza no es un factor de discriminación, hay una identidad común. En cambio en el Perú somos bien racistas, pero capaces de haber elegido a alguien como Fujimori, que es un tipo humano diferente al patrón nacional. A ver si en México elegirían al hijo de un japonés. Jamás. Países tan heterogéneos como el nuestro presentan virtudes: es más fácil aceptar al otro porque estamos acostumbrados a ver de todo, pero también presentan defectos. Debido a ello la discriminación es no solo muy profunda, sino racializada. En el Perú la diferencia puede ser de clase, pero se ‘racializa’ inmediatamente. Como dice Bruce, se cholea a todo el mundo, y cholear en realidad no es llamar a alguien ‘cobrizo’; cholear es decir pobre. En el Perú las diferencias económicas se racializan, somos un país bien racista, pero como hay de todo, estamos acostumbrados a la variedad, no nos llama la atención, mientras que en países más homogéneos racializan menos, sin embargo no están acostumbrados a la diferencia. En ese sentido, no hay que sentirse que estamos en el suelo tampoco.