Inicio >> Entrevista >> La equidad desde la diferencia: El caso colombiano

La equidad desde la diferencia: El caso colombiano

Libia Tattay, antropóloga y funcionaria del Ministerio del Interior  de Colombia, estuvo en nuestro país para realizar una serie de charlas  sobre el ‘enfoque diferencial’. Esta perspectiva se utiliza en Colombia para la elaboración de políticas públicas a partir del reconocimiento de de la diversidad cultural  y está orientado a lograr la equidad desde la diferencia.

Este enfoque, que surgió hace aproximadamente cuarenta años, ha garantizado pertinencia y eficacia en las acciones del Estado, particularmente de las poblaciones indígenas, y les ha permitido desarrollar sus propias políticas en salud, educación y demás áreas del desarrollo. Con ella conversamos sobre racismo y discriminación a partir de las realidades colombiana y peruana.

¿Cómo percibes en Colombia la relación entre el ciudadano urbano y los pobladores indígenas que migran a la ciudad? ¿Se dan relaciones de racismo?

Depende. Paradójicamente en las ciudades más grandes como Bogotá o Medellín, que son bastante cosmopolitas, la relación es mucho más positiva. En otros espacios  tradicionalmente coloniales dicen que lo indígena le disputa el poder a las élites regionales. En Colombia la zona indígena de mayor lucha es el departamento del Cauca y en ese caso hay relaciones de discriminación muy altas y que tienen que ver con luchas de poderes específicos. Te pongo el ejemplo: Popayán, la capital del Cauca, es una zona en disputa históricamente y ahí el mayor empleador, aparte del sector público, es el sector indígena. Las empresas de salud, los programas de educación son los que más empleados tienen más allá de los pobladores urbanos. Eso es como una afrenta cultural, entonces en esos casos sí hay entornos de discriminación.

¿Qué políticas o mecanismos tiene el Estado Colombiano para luchar contra la discriminación en estos casos?

Hace poco salió una ley, la ley antidiscriminación (2011), ley N° 1482 y que es para situaciones de discriminación específicas, no solo racial, sino también LGTB, por edades. Es una ley concisa, pero muy puntual: puedes denunciar cualquier situación discriminación. La pena de comprobarse el hecho es de 3 a 5 años.

¿Se han dado casos  que cuenten con sentencia?

Para lo que más se ha usado es para espacios públicos donde se denigra a alguien por su color de piel o porque son indígenas, y en espacios de política pública, como que un funcionario no da prioridad a tu caso porque eres indígena o afrodescendiente. En ese caso se ha usado, aunque tiene una extensión: si reconoces públicamente la falta te disminuyen la pena. En el caso de funcionarios, si lo que debiste hacer lo haces, entonces ya no tienes la pena. Para casos más graves hay denuncias, tutelas. Lo que pasa es que la discriminación no es tan alta como acá. La ley está hecha para las minorías que puedan sentirse vulneradas. No se ha usado tanto por colectivos específicos, sino por individuos que se sienten afectados, por ejemplo, en entornos burocráticos.

¿Esta ley surgió porque se daba constantemente estos actos de discriminación?

Lo pidieron los afrodescendientes, que son los más afectados. Lo indígena, a pesar de que no puede tener una valoración tan alta, está muy posicionado internamente. En este caso sí hay un empoderamiento de los sujetos indígenas y si no te atienden son capaces de pararse y decir que los tienen que atender, que no les pueden limitar el acceso a los servicios. Lo afro no tanto. En lo afro hay entornos de discriminación más fuerte en la vida cotidiana y ahí hay otra cosa: los afros sí están en el sector urbano. Están en la mayoría de ciudades urbanas del país y sienten más ese tipo de discriminación porque están en contacto permanente con el sector público.

¿Cómo reacciona la opinión pública colombiana cuando se da un caso mediático? ¿Hay rechazo frente al racismo?

Sí, hay rechazo. Por ejemplo, a mí me contaban algunos casos en Perú del uso de personajes indígenas para estereotipar condiciones muy precarias. Realmente eso no es concebible en Colombia. Ese tipo de programas, como el de la Paisana Jacinta, tendría una sanción social bastante alta, más allá de las normativas que existen frente a la discriminación. Culturalmente no existe ese uso de imaginarios.

¿Habría sanción social frente a esos programas?

Probablemente sí, pero es poco probable que el entorno de producción en Colombia lo produzca porque hay un cambio en la construcción de lo políticamente correcto en medios de comunicación. A veces sí hay chistes en programas específicos, pero realmente lo que pasa en el caso del indígena es que si esto sucediera habría una demanda enorme de parte de los pueblos indígenas y académicos y gente cercana al imaginario de los pueblos indígenas. En realidad, en Colombia ha habido una reflexión muy fuerte desde la Constitución del 91 sobre la diversidad y la multiculturalidad, que no es discursiva, sino que es un proceso de reflexión con muchos actores sociales sobre el valor de la diversidad, que ha formado una cultura distinta. No es muy común que se utilicen esos estereotipos.